HASTA SIEMPRE CLAUDIO LURAGHI
Dice el poeta que “Cuando un amigo se va queda un espacio vacío” pero cuando un docente se va queda el producto de su siembra, la mágica cosecha del arte de enseñar. Todo lo que dejó en las instituciones en las que se desempeñó o gestionó, todos los pares con los que construyó proyecto de futuro, todos los educandos que acompañó, orientó y ayudó a crecer.
La partida de Claudio permite descubrir una rica cosecha que se pone de manifiesto en el gran número de publicaciones periodísticas que lo recuerdan en mensajes muy afectivos que destacan los valores que orientaron su accionar. Elogios que en general abundan en el momento de la partida y tal vez hubiera sido alentador escuchar en vida.
Me gratifica habérselo dicho en vida desde un artículo publicado en noviembre de 2024 en que junto a otros, lo menciono como ejemplo de ética ante el alejamiento del cargo. Director de Educación Superior, fue mi JEFE, y así lo llamé hasta los últimos mensajes intercambiados en Facebook cuando los caminos de la docencia nos llevaran por trayectos diferentes. Yo jubilada, despuntando el vicio en el nivel de idioma en la Universidad, y él que tras desempeñar cargo y funciones jerárquicas, SIN ACEPTAR PRIVILEGIOS, VOLVIÒ A TOMAR EL ROCA PARA VOLVER A SU CARGO EN EL ISFD Y T Nº 24 Y COMENZAR DE NUEVO CONCURSANDO. UN EJEMPLO. De esos que no abundan.diku56FRTgg
Nos recuerdo debatiendo los Planes de Estudio en los que se privilegió a la Didáctica dejando tal vez de lado al componente disciplinar. Y hasta discutiendo acaloradamente las ventajas o desventajas de los módulos del TAIN (Taller Integrador) que se incrementaban en 1 Módulo semanal la carga horaria de desempeño de cada docente en cada curso. Su espíritu democrático aceptó mis cuestionamientos y argumentos en favor del TIC (TALLER INTEGRADOR CURRICULAR) que la Provincia implementara en la década del 90 con la Experiencia de Transformación Curricular en cinco ISFD, en la que el incremento de la carga horaria fue de cuatro módulos para cada docente por única vez. Más allá de las cargas horarias, los encuentros generales o por curso y el factor presupuestario que nos colocaban en veredas diferentes, nos unió una relación profesional de respetuoso afecto. Respeto que trascendió al cargo y la función y afecto con el que lo acompañé desde la Torre 1 a la Dirección General el día de su cese en el cargo.
El mismo afecto con el que nos reencontramos en pasillos de Institutos me hace despedirlo con una SONRISA, FELIZ DE HABERLO CONOCIDO Y HABER SIDO TESTIGO DE SU LEGADO.


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